Todos los malagueños conocemos el obelisco que se alza en el centro mismo de la Plaza de la Merced, y la mayoría de nosotros sabemos que debajo de él descansan los restos del soldado liberal José María de Torrijos y Uriarte. Pero, ¿quién fue y qué hizo exactamente?
Pues bien, Torrijos nació en Madrid, en el seno de una familia noble en 1791. Muy pronto ingresó en el ejército, ascendiendo vertiginosamente a temprana edad. Participó en la guerra de la Independencia (1808 – 1812) y tras la reinstauración del absolutismo, basado en la figura de Fernando VII, se unió al Partido Progresista con el objeto de luchar por la restauración de la Constitución que fue abolida por el monarca.
Fue encarcelado por conspiración, intentando levantar en armas al ejército andaluz. Cuando, en 1820, Riego lleva a cabo exitosamente su rebelión liberal, Torrijos, es excarcelado. En 1823, Fernando VII hace un llamamiento a los franceses en busca de ayuda para restablecer el régimen absolutista.
Los Cien Mil Hijos de San Luís, la respuesta franca a la petición del rey español, tomó casi la totalidad de España, exceptuando la ciudad de Cádiz donde los liberales se replegaron con el rey Fernando VII secuestrado. José María de Torrijos intervino en multitud de las batallas realizadas y fue derrotado en Cartagena (más tarde, la plaza de Cádiz se rendiría, los liberales aceptarían su derrota frente al invasor galo y se aceptaría, como único rescate, el acuerdo, por parte del rey, de defender la libertad de los españoles).
Torrijos y su familia se ven expatriados sin remedio a Inglaterra, donde, con la ayuda de otros exiliados españoles y rebeldes ingleses, forman la Junta de Londres. Gracias a estos contactos se dirige hacia Gibraltar desde donde intentará la penetración en la península. La extrema vigilancia del Peñón consigue frenar sus ansias y le obliga a intentar el asalto desde Vélez Málaga. En el trayecto, es traicionado por su antiguo compañero, confidente y, ahora, gobernador de Málaga, y debe desembarcar en Fuengirola, ya que estaba siendo esperado por un gran buque de guerra. Luego, es perseguido, capturado y encarcelado.
El día 10 de Diciembre de 1831 y bajo la orden expresa del rey de: “Que los fusilen a todos”, el General Torrijos y sus compañeros, entre los que se encontraba un grumete de 19 años, fueron asesinados a tiros en las playas de San Andrés.
A Torrijos se le ha calificado como “iluso” y, en realidad, era la representación viva de un conjunto de sentimientos muy característicos de la sociedad española de entonces. Formó parte de una serie de pronunciamientos que tenían como único fin, la restauración de la Constitución y como idea principal, la libertad. Seguramente, al pasear por nuestra querida Plaza de la Merced y elevar nuestra mirada hacia aquel imponente monolito, olvidemos que enterrados bajo esa enorme piedra, descansan los restos de unos hombres, que a pesar de los peligros y dificultades, lucharon por lo que creyeron sin temor a las represalias.

Quizá, muchos, deberíamos luchar así.