Aquí os dejo una cómica argumentación de la crisis financiera actual. Aunque parezca mentira, muchas cosas con las que se satirizan ocurren, sorprendentemente, de forma parecida. Es algo inexplicable y, aunque se trate en clave de humor, es verdaderamente cabreante. La paciencia, o más bien, el pasotismo del ser humano ante tomaduras de pelo de tan terrible envergadura llega a límites insospechados.
Ante cosas así, vídeos como ese demuestran que “es mejor reir, por no llorar”
ya sabes, está muy de moda en la facultad de informática eso de “No a las licencias software”…
jejejeje
un saludo!
Es un hecho cierto y constatado que ya no se puede ocultar. El Gobierno y el proyecto socialista del presidente Zapatero están zozobrando en el huracán que ha provocado la crisis económica mundial. La ausencia de medidas económicas y estructurales eficaces, la falta de prevención y reacción, los reiterados intentos de minimizarla ocultando su gravedad y duración, preocupan cada vez más a amplios sectores de la sociedad española.
No hay datos objetivos y reales que confirmen la fortaleza de la economía española como dice con tanta vehemencia y frivolidad irreflexiva el presidente Zapatero. España es el país con más paro de Europa, y lleva camino de alcanzar las mayores cifras de nuestra democracia, es también el de mayor inflación, el PIB esta cayendo en picado y la deuda publica se incrementa día a día. Ante semejante situación, el presidente del Gobierno propone parches que no cubren el pinchazo económico de cientos de empresas, cataplasmas que no alivian la desesperada situación de miles de familias, remiendos a la economía de un país embargado por la gran banca a la que se protege con cheques en blanco, al portador y a cargo de del erario publico.
Ya no hay motivos para el inconsciente optimismo del presidente Zapatero. El pesimismo consciente se ha filtrado en todos los poros del tejido económico y social del país. La desaceleración, la crisis, la recesión, o como quieran denominar a esta situación los políticos y economistas de este país, es una realidad que tendremos que soportar y sufrir durante un largo e indefinido tiempo que nadie puede determinar.
No hace falta ser economista, ni haber estudiado en prestigiosas universidades a los “grandes pensadores” económicos. No hace falta ser político, ni entendido en cuestiones de organización de gobierno. Solo hace falta sentido común, es decir, ejercer la inteligencia en su actividad espontánea usando la razón como medio para poder distinguir lo verdadero de lo falso. El problema es que el sentido común de nuestros economistas y políticos es el menos común de los sentidos. Quizás, por ese motivo la gente común no les entendemos.
Nada, marianito, te ha salido ahí una chinche que se dedica al copypaste allá por donde pasa.